
Discurso de la Directora Ejecutiva del
Programa de las Naciones Unidas para los
Asentamientos Humanos (ONU – Hábitat), Sra.
Anna Tibaijuka, en ocasión del Día Mundial
del Hábitat - lunes 6 de octubre de 2008.
Celebramos hoy el Día Mundial del Hábitat en
un momento en que la mayoría de las personas
del mundo viven en ciudades y pueblos. Se
trata de un fenómeno cada vez más acelerado
y de una transformación que repercute
directamente en las estrategias que debemos
adoptar para lograr los Objetivos de
Desarrollo del Milenio.
El otro hecho histórico decisivo es que la
cantidad de gente que vive en barrios de
tugurios en todo el mundo ha superado los
mil millones de personas, con lo cual podría
decirse que la urbanización de la pobreza es
hoy, sin duda, uno de los mayores problemas
que se plantean para el desarrollo.
Por esa razón hemos escogido el tema “Ciudades
armoniosas” para el Día Mundial del
Hábitat de 2008. Tenemos que crear una
mayor conciencia de los problemas que trae
la urbanización acelerada, de sus
repercusiones para el medio ambiente y de
las consecuencias y retos de una pobreza
urbana cada vez mayor.
Ya no podemos hacer oídos sordos a la
terrible situación de los habitantes de los
barrios de tugurios que viven en condiciones
que ponen en peligro sus vidas. Tampoco
podemos ocultar el hecho de que la pobreza
urbana y las desigualdades en las ciudades
están aumentando en todo el mundo, tanto en
los países desarrollados como en
desarrollo. Tenemos la responsabilidad
moral y ética de hacer que nuestras ciudades
sean más armoniosas, haciéndolas más
incluyentes. Para lograr seguridad y
desterrar el peligro en las ciudades
tenemos, como sociedad, la obligación de
luchar contra la pobreza y la miseria
urbanas.
La experiencia de trabajo con los gobiernos,
autoridades locales, comunidades y el sector
privado en todo el mundo nos da buenos
elementos para comprender estos problemas y
poder abordarlos. Nosotros no podemos dar
todas las respuestas, pero la experiencia sí
nos ayuda a poder hacer algunas de las
preguntas indicadas.
Tampoco es coincidencia que el cambio
climático sea un tema que ha pasado a ocupar
un lugar preponderante en los debates que se
celebran a nivel internacional al mismo
tiempo que el mundo se urbaniza - y
prácticamente al mismo ritmo. Las ciudades
consumen más del 75% de la energía total y
contribuyen a una cantidad igualmente
importante de emisiones de gases de efecto
invernadero. Es por ello que las ciudades
deben formar parte de todas las actividades
de mitigación.
La reducción de la contribución de las
ciudades al cambio climático y de su
vulnerabilidad a los efectos de ese cambio
debe verse como una oportunidad histórica
para mejorar las condiciones de vida de
todos los hombres y mujeres, incluidos los
de los sectores más vulnerables de nuestras
poblaciones urbanas. Tanto para la
adaptación como para la mitigación se
requieren una mejor planificación del uso de
la tierra, una infraestructura más sólida y
una construcción más inteligente. Qué mejor
iniciativa que la de combinar estos
esfuerzos para que nuestras ciudades y
pueblos sean más verdes, más seguros y más
equitativos. El mensaje que les transmito
hoy es que los problemas del cambio
climático y la pobreza urbana están
íntimamente vinculados y la solución de
ambos depende de que nuestras ciudades se
conviertan en lugares más armoniosos.
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