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Más de 20.000 participantes se reunirán esta semana en
la Décimo Séptima Conferencia Internacional sobre el
SIDA, a celebrarse en la Ciudad de México, para explorar
las razones por las que, a pesar de décadas de intensos
esfuerzos para combatir el SIDA, la epidemia continúa
siendo tan desalentadora. El año pasado, 2,7 millones de
personas han contraído el VIH y otras 2 millones
murieron a causa del SIDA. Hoy en día, 33 millones de
personas en todo el mundo viven con el VIH.
La tenacidad del SIDA se deriva en parte del hecho que
las medidas para enfrentarlo subestiman e incluso
ignoran el contexto de derechos humanos en el cual la
epidemia prospera. Efectivamente, resulta evidente que
las millones de personas que sufren violaciones de sus
derechos humanos son a la vez más vulnerables a la
infección del VIH y tienen más probabilidades de morir a
causa del SIDA. De hecho, el irrespeto de los derechos
humanos no solamente agrava la epidemia, sino que además
con frecuencia la provoca. Estas violaciones incluyen la
discriminación, la falta de acceso a la información y la
educación, la inequidad de género, la violencia, la
pobreza y la marginalización. Millones de personas
continúan muriendo a pesar de que esas muertes podrían
evitarse si se protegieran el derecho a la vida y el
derecho al nivel de salud más alto posible.
Por lo tanto, cualquier acción que busque una solución
al problema del VIH debe también responder a los temas
de derechos humanos que alimentan la epidemia y emanan
de la misma. El Informe sobre la Epidemia Mundial del
SIDA 2008 destaca la necesidad de hacerle frente a las
causas sociales del VIH, incluyendo al fracaso en hacer
cumplir y proteger los derechos humanos esenciales para
lograr una respuesta efectiva contra el VIH. Un enfoque
al VIH basado en los derechos permite evidenciar las
necesidades críticas de protección de aquellos más
vulnerables al VIH. Este enfoque ayuda a desarrollar o
mejorar acciones para alcanzar a aquellos que, debido a
la negligencia, intimidación, prejuicios o estigma
social, han caído fuera de las redes de protección
disponibles para la prevención, atención y tratamiento
del VIH. Entre ellos, mujeres y niñas que sufren de
violencia sexual; personas jóvenes que se les niega
educación e información sexual sobre el VIH; y niños y
niñas huérfanos a causa del SIDA. Un enfoque basado en
los derechos también ofrece protección a las personas
marginadas por su orientación sexual o adicción a las
drogas, o a los prisioneros a quienes se les impide, de
distintas maneras, obtener los bienes y servicios para
luchar contra el VIH. Se debe subrayar que los derechos
humanos son inalienables y, por lo tanto, inherentes a
todos los seres humanos, incluyendo aquellos que
pertenecen a grupos altamente estigmatizados o que son
considerados como extraños por alguna comunidad en
particular. Este factor esencial debe ser siempre tomado
en cuenta a la hora de enfrentar el problema del VIH.
En el 2001, los Estados Miembros de las Naciones Unidas
acordaron que “la realización de los derechos humanos y
las libertades fundamentales para todos es indispensable
para reducir la vulnerabilidad al VIH/SIDA”. Aún así,
para el 2008, un tercio de los países todavía no han
promulgado leyes que protejan de la discriminación a las
personas que viven con VIH. Sesenta y tres por ciento de
los países aun cuentan con leyes que crean barreras a la
prevención, atención, apoyo y tratamiento del VIH para
los grupos marginados. Asimismo, al menos 67 países
imponen algún tipo de restricción basada en el VIH para
el ingreso a los mismos y para efectos de residencia.
Tales restricciones no protegen la salud pública, sino
sirven para incrementar el estigma en contra de las
personas que viven con VIH. Muchos países han adoptado
recientemente leyes amplias que imponen castigos penales
a personas que transmiten el VIH, cuando no hay
evidencias que indiquen que esas penalidades ayuden a
disuadir la transmisión del VIH. Al contrario, la
existencia de dichas leyes genera una gran preocupación
puesto que podrían desmotivar a las personas a
realizarse la prueba del VIH y a revelar su situación.
Hacerle frente a las dimensiones de derechos humanos de
los programas nacionales de lucha contra el SIDA no es
difícil. Consiste en financiar e implementar campañas en
contra de la violencia sexual así como combatir el
estigma y la discriminación. También involucra campañas
para difundir los derechos y la legislación que los
protege, y para brindar ayuda legal a aquellos más
vulnerables al VIH o que viven con el mismo. También
comprendería la creación de mecanismos para monitorear
los abusos de derechos humanos relacionados con el VIH,
así como la capacitación sobre la no discriminación para
los trabajadores de la salud, proveedores de servicios
sociales, policía, jueces y autoridades de los centros
de detención. Las Defensorías del Pueblo independientes
también deberían incorporarse a las respuestas
nacionales al SIDA para luchar por aquellas personas
afectadas y para evaluar el impacto de las leyes y su
implementación en la lucha contra el VIH.
Esta semana en la Conferencia Internacional sobre SIDA
en México, más de 500 organizaciones exigirán que los
derechos humanos sean puestos al frente y en el centro
de la lucha mundial contra el SIDA. Su lema es “Los
Derechos Humanos y el VIH/SIDA, ahora más que nunca”. Es
tiempo que escuchemos ese llamado en nombre de las
millones de personas que continúan siendo vulnerables y
muriendo a causa del VIH y SIDA.
Kyung-wha Kang
Alta Comisionada Interina para los Derechos Humanos,
OACDH
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