Mensaje del Secretario General sobre el Día de
las Naciones Unidas
24 de octubre de 2009
En este Día de las Naciones Unidas y todos los
días del año, las Naciones Unidas están
trabajando: para el planeta, para el empleo,
para “nosotros los pueblos”.
Prestamos más ayuda humanitaria que ninguna otra
organización, y en los sitios más difíciles.
Vacunamos al 40% de los niños del mundo.
Alimentamos a más de 100 millones de personas y
ayudamos a más de 30 millones de refugiados, en
su mayoría mujeres y niños que huyen de la
guerra y la persecución. Desplegamos más
personal de mantenimiento de la paz que nunca
antes, más de 115.000 efectivos. Solo en el
último año prestamos asistencia electoral a casi
50 países. Y todo el sistema de las Naciones
Unidas se ha movilizado para hacer frente a la
convulsión económica mundial y al malestar
social con el que amenaza.
La gente espera de las Naciones Unidas que
acabemos con la pobreza y el hambre, que
mantengamos la paz, que ampliemos la educación y
que defendamos los derechos humanos en todos los
rincones del planeta. Esperan que pongamos fin a
la proliferación de armas mortíferas y la
propagación de enfermedades mortales, y que
protejamos a las personas y las familias
víctimas de desastres. En diciembre, esperarán
de nosotros que sellemos un acuerdo global,
equitativo y ambicioso sobre el cambio climático
que nos proteja a todos y que allane el camino
hacia una economía más ecológica y más
sostenible.
Es este un momento único en los asuntos
mundiales. Nos acucian múltiples crisis a la
vez: alimentaria, financiera, de combustible, la
gripe. El cambio climático cobra mayor
importancia cada día. Todo ello pone de
manifiesto una realidad del siglo XXI:
compartimos un planeta, un hogar. Como personas,
como naciones, como especie, nos hundimos o
nadamos juntos.
Las Naciones Unidas están haciendo todo lo
posible para responder a esta situación, para
intentar resolver los grandes problemas, para
tener una perspectiva general. Estamos forjando
un nuevo multilateralismo que puede tener
resultados reales para todas las personas,
especialmente para las más necesitadas. Pero
tengo también plena conciencia del largo camino
que nos queda por recorrer y de la distancia que
existe entre los compromisos y la acción. En
este Día de las Naciones Unidas, decidamos
redoblar nuestros esfuerzos en nombre de los
vulnerables, los impotentes, los indefensos. Que
nuestra unidad sea mayor que nunca, una unidad
de propósito y una unidad de acción para hacer
del mundo un lugar mejor y más seguro.
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