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Mensaje del Secretario General con motivo
del Día Internacional de la Mujer
8 de marzo de 2008
En la Cumbre Mundial 2005, los gobiernos de
todas las naciones acordaron que “el progreso de
la mujer es el progreso de todos”. Sin embargo,
el examen decenal de la aplicación de la
Plataforma de Acción de Beijing puso de
manifiesto que en muchos países se abría una
gran brecha entre la normativa y la práctica. La
falta de voluntad política se hace patente de la
forma más reveladora: falta de recursos y
asignaciones presupuestarias insuficientes. Esa
es la razón de que el tema de este Día
Internacional de la Mujer sea “Invertir en las
mujeres y las niñas”.
Esa falta de financiación no sólo socava
nuestros esfuerzos por lograr la igualdad entre
los géneros y el empoderamiento de la mujer,
sino que también dificulta nuestra labor para
alcanzar todos los objetivos de desarrollo del
Milenio. Como sabemos por una larga e
indiscutible experiencia, la inversión en las
mujeres y las niñas tiene un efecto
multiplicador sobre la productividad y el
crecimiento económico continuado. No hay otra
medida más importante para promover la educación
y la salud, incluida la prevención del VIH/SIDA,
ni otra política más propicia para mejorar la
nutrición o reducir la mortalidad
maternoinfantil.
Hemos logrado ya algunos progresos. Se han
movilizado recursos financieros para incrementar
el empleo de la mujer, intensificar el papel de
la microfinanciación, promover los créditos a
empresas de mujeres y promover reformas de las
finanzas públicas. Más de 50 países han puesto
en marcha iniciativas para incorporar una
perspectiva de género en la presupuestación. El
sector privado está ampliando sus actividades
para financiar el empoderamiento económico de la
mujer y están surgiendo fondos y fundaciones de
mujeres como fuentes innovadoras de
financiación.
Ahora bien, eso no basta. Todos los que
integramos la comunidad internacional —los
gobiernos, las organizaciones multilaterales,
las instituciones bilaterales y el sector
privado— hemos de calcular el costo económico
que supone la persistente desigualdad entre los
géneros, y los recursos que se necesitan para
superarla. Hemos de crear mecanismos para hacer
un seguimiento de las inversiones que se hacen
para lograr la igualdad. Hemos de controlar
periódicamente las asignaciones de recursos e
informar al respecto. Hemos de adaptar los
presupuestos internos y la ayuda internacional a
las necesidades reales, y asegurarnos de que se
mantenga.
Del mismo modo, en las Naciones Unidas hemos de
ajustar mejor las demandas a los recursos. Los
recursos disponibles para la incorporación de
una perspectiva de género deben ser más
sostenibles y previsibles, especialmente en los
planos regional y nacional y, para obtener
resultados reales, nuestro mecanismo dedicado a
las cuestiones de género necesita recibir una
financiación proporcional a los desafíos a los
que se enfrenta. Creo firmemente que una entidad
encargada de las cuestiones de género dinámica y
reforzada, que aúne los recursos que actualmente
se distribuyen entre varias estructuras,
atraería más financiación de la comunidad de
donantes. Mediante la movilización de las
fuerzas del cambio a nivel mundial y el estímulo
para lograr mejores resultados en el plano
nacional, dicha entidad promovería mejor nuestra
causa de empoderar a la mujer y lograr la
igualdad entre los géneros en todo el mundo.
Insto a los Estados Miembros a que reúnan la
voluntad política necesaria para que las
consultas sobre esta cuestión concluyan con
éxito.
Este año llegamos al punto medio del plazo para
lograr los objetivos de desarrollo del Milenio
en la fecha fijada de 2015. Sólo si invertimos
en las mujeres y las niñas del mundo podremos
llegar a nuestro objetivo. En este Día
Internacional de la Mujer unámonos en esa
misión.
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