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Mensaje del Secretario General con ocasión del Día Mundial de Lucha contra la
Desertificación y la Sequía
17 de junio de 2008
El tema del Día
que celebramos este año, “Combatir la degradación de la tierra para una
agricultura sostenible” nos recuerda la importancia que tiene la tierra como
patrimonio mundial sin el que ningún ser humano puede vivir. La degradación de
la tierra afecta a una parte importante de la superficie arable del planeta, y
tiene un efecto directo en el bienestar de los pueblos y en el desarrollo
económico de los países. Esa degradación provoca pérdidas económicas en la
agricultura, causa perturbaciones en los mercados locales y regionales de
alimentos y genera inestabilidad social y política.
A medida que la
población crece, y con ella la demanda de una mayor producción agrícola, los
sistemas tradicionales de ordenación de la tierra no dan abasto. Todo ello se ve
agravado por la adopción de nuevas prácticas, a menudo de monocultivo. Cada vez
son más las tierras de calidad que se dedican al cultivo, sin prestar suficiente
atención a la conservación, y los agricultores y pastores pobres se ven
obligados a utilizar tierras marginales. La degradación de la tierra afecta de
forma especialmente grave a las mujeres, puesto que tradicionalmente son ellas
las que dedican tiempo y esfuerzo a la tierra —cultivando, procesando,
gestionando y comercializando la mayoría de los alimentos y demás recursos
naturales.
Esas cuestiones
se contemplan de manera general en el marco de la Convención de las Naciones
Unidas de Lucha contra la Desertificación, que actúa como nexo entre la
reducción de la pobreza y la protección del ecosistema de las tierras secas.
Actualmente, la Convención es el único marco jurídico internacional para la
recuperación de las tierras secas y degradadas y podría ofrecer una solución a
largo plazo para la producción de más alimentos para más personas. Esas tierras
no utilizadas podrían aprovecharse también para la producción de biocombustible,
con lo que sus habitantes obtendrían nuevos beneficios.
Ha llegado el
momento de que la comunidad internacional reconozca que las tierras secas y las
tierras marginales, donde viven cerca de la mitad de los pobres del mundo, no
son tierras de desecho. Son más bien zonas que cuentan con potencial para la
intensificación del esfuerzo agrícola tendiente a satisfacer las necesidades de
alimentos y energía. Renovemos nuestro compromiso para invertir la degradación
de la tierra y la desertificación. Velemos por que la estrategia decenal
adoptada el año pasado en Madrid cuente con el apoyo que necesita y se aplique
plenamente. En este Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía,
consagrémonos de nuevo a esa misión.
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