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Mensaje con motivo de observarse por segunda
vez el
Día Internacional de Conmemoración de las
Víctimas
del Holocausto
27 de Enero de 2007
El Holocausto fue
una tragedia única e innegable. Después de
transcurridos varios decenios, la matanza sistemática de millones de
judíos y de otras personas sigue provocando
consternación. La capacidad de los nazis para
captar adeptos, a pesar de su total depravación,
sigue infundiendo temor. Y, sobre todo, subsiste
el dolor: en los sobrevivientes ancianos y en
todos nosotros, miembros de la familia humana
que presenció la caída en la barbarie.
La recordación constituye un
homenaje a quienes perecieron, aunque también
cumple una función esencial en nuestros
esfuerzos por contener la oleada de crueldad
humana. Nos mantiene vigilantes ante nuevos
brotes de antisemitismo y otras formas de
intolerancia. Es también una respuesta
imprescindible ante quienes equivocadamente
sostienen que el Holocausto nunca ocurrió o que
se lo ha exagerado.
El Día
Internacional de Conmemoración de las Víctimas
del Holocausto es, por tanto, el día en que
debemos reafirmar nuestra adhesión a los
derechos humanos, cuya causa fue mancillada
brutalmente en Auschwitz, así como por los
genocidios y atrocidades cometidos desde
entonces.
Debemos también
hacer algo más que recordar y velar por que las
nuevas generaciones conozcan esa parte de la
historia. Debemos aplicar las lecciones del
Holocausto al mundo actual y hacer cuanto
podamos para que todos los pueblos gocen de la
protección y de los derechos por los cuales
luchan las Naciones Unidas.
Reitero en este
Día Internacional mi firme adhesión a ese
cometido e insto a todos a que se sumen a
nuestra búsqueda común de la dignidad humana.
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