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Mensaje del Secretario General con
ocasión del
Día Internacional de los Pueblos Indígenas del
Mundo
9 de agosto de 2008
En 1994, la Asamblea General de las Naciones
Unidas proclamó el 9 de agosto Día Internacional
de los Pueblos Indígenas del Mundo. Fueron
muchos los motivos que llevaron a esa decisión,
pero la razón fundamental fue el reconocimiento
por la Asamblea de la necesidad de que las
Naciones Unidas se situaran de manera clara y
firme en la vanguardia de la promoción y
protección de los derechos de los pueblos
indígenas para poner fin a su marginación, su
extrema pobreza, la expropiación de sus tierras
ancestrales y demás violaciones graves de los
derechos humanos que habían padecido y continúan
padeciendo. De hecho, en el sufrimiento de los
pueblos indígenas se plasman algunos de los
episodios más oscuros de la historia del hombre.
Con toda su importancia, la proclamación de ese
día no fue sino el preludio de un hito aún más
trascendental: la adopción por la Asamblea el
pasado otoño de la Declaración sobre los
derechos de los pueblos indígenas. La
Declaración es un elemento pionero en el
tratamiento de los derechos humanos de los
pueblos indígenas. En ella se establece un marco
en el que los Estados pueden construir, o
reconstruir, sus relaciones con los pueblos
indígenas. Constituye el resultado de más de dos
décadas de negociaciones y ofrece una
oportunidad vital para que los Estados y los
pueblos indígenas fortalezcan sus relaciones,
promuevan la reconciliación y velen por que no
se repitan los errores del pasado. Aliento a los
Estados Miembros y a los pueblos indígenas a que
se acerquen en un espíritu de respeto mutuo y
hagan uso de la Declaración como el instrumento
vivo que es para que pueda tener una influencia
real y positiva en todo el mundo.
Teniendo presente que 2008 es el Año
Internacional de los Idiomas, este Día
Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo
nos brinda también una ocasión para tomar
conciencia de la crisis silenciosa por la que
atraviesan muchos idiomas en todo el mundo, que
en una aplastante mayoría son los idiomas de los
pueblos indígenas. La pérdida de esos idiomas no
sólo debilitaría la diversidad cultural del
mundo, sino también nuestro saber colectivo como
especie humana. Hago un llamamiento a los
Estados, los pueblos indígenas, el sistema de
las Naciones Unidas y todos los demás
interesados para que adopten medidas inmediatas
tendientes a proteger y promover los idiomas en
peligro y garantizar que ese patrimonio común
pueda pasar sin peligro a las generaciones
futuras.
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